Vista cenital de instalación de suelo radiante por agua en reforma mostrando tuberías en espiral sobre panel aislante
Publicado el abril 17, 2024

Instalar suelo radiante por agua en una reforma no es un gasto, sino la mejor inversión en confort y eficiencia, siempre que se ejecute con la ingeniería correcta.

  • El sistema por agua, combinado con aerotermia, puede lograr una reducción de consumo de hasta un 75% frente a soluciones eléctricas.
  • Las nuevas soluciones de bajo perfil (desde 15 mm) eliminan el problema de la altura del suelo, haciendo viable la instalación en casi cualquier vivienda.

Recomendación: Prioriza la planificación técnica (elección de pavimento, control de inercia y mantenimiento) sobre el coste inicial para garantizar una amortización real y un confort duradero.

La idea de sentir un calor suave y homogéneo bajo los pies es el sueño de cualquier reforma. Es la promesa del máximo confort, de espacios diáfanos sin radiadores y de una eficiencia energética superior. Pero este sueño a menudo choca con una pesadilla logística y económica: la necesidad de levantar todo el pavimento existente, con el coste, el polvo y el tiempo que ello implica. Ante esta disyuntiva, muchos reformistas se plantean si la inversión realmente compensa o si es mejor optar por soluciones más convencionales como radiadores de baja temperatura o suelo radiante eléctrico, más sencillos de instalar.

El debate suele centrarse en una simple comparativa de costes iniciales, un enfoque que simplifica en exceso una decisión compleja. Se asume que el suelo radiante por agua es caro y lento, y que la madera es incompatible. Sin embargo, la verdadera rentabilidad de este sistema no se mide en el presupuesto de la instalación, sino en la «ingeniería invisible» que hay detrás. La clave no es si merece la pena el coste, sino si se está invirtiendo en un diseño técnico que garantice el confort, el ahorro y la durabilidad durante las próximas décadas.

Este artículo va más allá de los pros y contras habituales. Abordaremos las dudas técnicas que realmente determinan el éxito de una instalación en España. Analizaremos desde la compatibilidad real de las tarimas de madera hasta cómo convertir la famosa «inercia térmica» en un aliado para ahorrar en la factura de la luz con las tarifas PVPC. Desmitificaremos los riesgos de condensación en verano y exploraremos las soluciones de bajo perfil que están revolucionando las reformas en pisos antiguos. El objetivo es darte el conocimiento de un ingeniero de climatización para que puedas tomar una decisión informada, basada en el coste de ciclo de vida y no solo en el presupuesto inicial.

A lo largo de este análisis, desglosaremos cada aspecto técnico clave. El siguiente sumario te guiará a través de los puntos críticos que debes dominar antes de decidir si levantar el suelo de tu casa es, en realidad, la inversión más inteligente que puedes hacer.

Madera y suelo radiante: qué tipos de tarima no se deforman ni aíslan el calor

Uno de los grandes mitos que frena la instalación de suelo radiante es la supuesta incompatibilidad con la madera. La idea de que la tarima se deformará o actuará como un aislante, anulando la eficiencia del sistema, sigue muy extendida. La realidad técnica es que la madera y el calor radiante pueden ser excelentes aliados, siempre que se elija el material y la instalación adecuados. El problema no es la madera en sí, sino la madera maciza tradicional, que por su alta resistencia térmica y su inestabilidad dimensional no es una opción recomendable.

La solución reside en las tarimas multicapa de ingeniería y ciertos laminados de alta densidad diseñados específicamente para este uso. Estos materiales están construidos con varias capas prensadas en direcciones opuestas, lo que les confiere una gran estabilidad dimensional frente a los cambios de temperatura. Además, su espesor controlado (generalmente no superior a 14-15 mm) y su menor resistencia térmica permiten una correcta transmisión del calor. Según la normativa europea UNE-EN-1264, la resistencia térmica del pavimento no debe superar los 0,15 m²K/W, un valor que cumplen la mayoría de tarimas multicapa de roble o bambú termotratado de calidad.

Por otro lado, los pavimentos cerámicos y pétreos siguen siendo la opción más eficiente por su altísima conductividad. De hecho, los datos técnicos de instalaciones certificadas muestran que la cerámica transmite el calor un 40% más rápido que la madera. Sin embargo, la diferencia en confort y la viabilidad técnica de la madera moderna hacen que la elección sea más una cuestión de estética y preferencias personales que una limitación insalvable.

Para entender mejor las diferencias, la siguiente tabla compara la idoneidad de varios materiales populares en reformas en España, basándose en su conductividad y resistencia térmica.

Comparativa de idoneidad de pavimentos para suelo radiante
Material Conductividad térmica Resistencia térmica Idoneidad
Gres porcelánico Alta 0,02 m²K/W Excelente
Piedra natural Alta 0,05 m²K/W Excelente
Dekton Muy alta 0,03 m²K/W Excelente
Tarima multicapa Media 0,10-0,15 m²K/W Buena
Madera maciza Baja >0,20 m²K/W Desaconsejada

La elección final no debe basarse solo en el material, sino también en la instalación. Es fundamental utilizar una manta subyacente perforada, específica para suelo radiante, que permita el paso del calor, en lugar de las mantas aislantes convencionales que arruinarían el rendimiento del sistema.

Por qué el suelo radiante tarda 4 horas en calentar y cómo programarlo para no pasar frío

La elevada inercia térmica es la característica técnica que define el funcionamiento del suelo radiante y, a la vez, la fuente de su principal malentendido. El sistema no calienta una estancia en 15 minutos como un split de aire acondicionado. Necesita tiempo, entre 3 y 5 horas de media, para llevar la masa de mortero y el pavimento a la temperatura de consigna. Lejos de ser un defecto, esta «lentitud» es su mayor virtud estratégica si se gestiona con inteligencia, especialmente en el contexto de las tarifas eléctricas de España.

El error común es tratar el suelo radiante como un sistema de respuesta rápida, encendiéndolo al llegar a casa y esperando un confort inmediato. Esto solo genera frustración y un gasto energético ineficiente. La clave es la anticipación y la programación. Un termostato inteligente, conectado al sistema, permite programar el encendido durante las horas valle (las más baratas del día, habitualmente de madrugada), acumulando energía en la losa de hormigón a un coste mínimo.

Mano ajustando termostato digital inteligente montado en pared con pantalla mostrando programación horaria

Una vez alcanzada la temperatura de confort, la propia inercia del sistema la mantiene estable durante horas, incluso con la calefacción ya apagada. Esto permite disfrutar de una temperatura constante de 20-21°C durante todo el día, habiendo realizado el mayor consumo energético en el período más económico. Esta estrategia es especialmente rentable cuando el suelo radiante se combina con una bomba de calor de aerotermia, maximizando la eficiencia del conjunto.

Caso de estudio: Programación eficiente en Madrid

En una vivienda de 120 m² en Madrid con suelo radiante por aerotermia, la estrategia de programación óptima consiste en activar el sistema a las 22:00h, coincidiendo con el inicio del horario valle de las tarifas PVPC. El sistema alcanza la temperatura de consigna durante la madrugada y se apaga a las 8:00h, antes del inicio del período punta. Gracias a la alta inercia térmica, la vivienda mantiene una temperatura estable de 20°C durante todo el día. Según análisis de Iberdrola, esta estrategia puede reducir el consumo en un 30% respecto a un funcionamiento continuo o mal programado.

Por tanto, el «problema» del tiempo de calentamiento desaparece con una simple planificación. Se trata de cambiar el chip: en lugar de reaccionar al frío, nos anticipamos a él, convirtiendo nuestro suelo en una batería térmica que libera energía de forma suave, constante y económica a lo largo del día.

Eléctrico o por agua: cuál te arruinará en la factura de la luz si lo usas mucho

Ante la complejidad de instalar un suelo radiante por agua, la opción eléctrica (mediante malla o folio radiante) se presenta como una alternativa tentadora: más barata, más delgada y mucho más rápida de instalar. Sin embargo, en términos de coste de ciclo de vida, esta aparente ventaja inicial puede convertirse en una pesada carga en la factura eléctrica si se plantea como sistema de calefacción principal para toda la vivienda.

La diferencia fundamental radica en el principio de funcionamiento y la eficiencia. El suelo radiante eléctrico funciona por efecto Joule: es una resistencia eléctrica que convierte 1 kWh de electricidad en, aproximadamente, 1 kWh de calor (COP 1). En cambio, el suelo radiante por agua, impulsado por una bomba de calor aerotérmica moderna, es un sistema termodinámico. No «crea» calor, sino que lo «mueve» del exterior al interior. Por cada kWh de electricidad que consume, puede generar entre 4 y 5 kWh de calor (COP 4-5). Esta diferencia es abismal en términos de consumo.

Como explica el equipo técnico de PrecioGas en su guía, «el suelo radiante por agua opera con agua a baja temperatura (30-45°C), mientras que los radiadores convencionales necesitan un flujo de agua de 70°C o más». Esta baja temperatura de trabajo es precisamente lo que permite a la aerotermia operar con su máxima eficiencia, creando una sinergia perfecta que el sistema eléctrico no puede replicar.

Análisis de costes reales en una vivienda en Sevilla

Un análisis de costes de funcionamiento para un piso de 90 m² en Sevilla es revelador. Con un precio medio del kWh de 0,15€ (tarifa regulada), el coste anual de usar un suelo radiante por agua con aerotermia (COP 4) es de aproximadamente 420€. En las mismas condiciones, el coste de un suelo radiante eléctrico ascendería a 1.680€ anuales. Aunque la instalación del sistema por agua es más cara (entre 60-80€/m²), la diferencia en el coste operativo permite amortizar la inversión en pocos años, sobre todo en viviendas de uso habitual.

Esto no significa que el suelo radiante eléctrico sea una mala tecnología. Es una solución excelente para aplicaciones específicas: como sistema de confort en un baño pequeño, como refuerzo puntual o en segundas residencias de uso esporádico donde el bajo coste de instalación prima sobre el de funcionamiento.

En definitiva, para una reforma integral y como sistema de calefacción principal, la elección del suelo radiante por agua no es un capricho, sino una decisión financiera estratégica que prioriza la eficiencia y el ahorro a largo plazo sobre la comodidad de la instalación inicial.

Lodos en las tuberías: cada cuánto limpiar el circuito para que no pierda eficacia

Una vez instalado, el suelo radiante por agua es un sistema robusto y de muy bajo mantenimiento. Sin embargo, «bajo mantenimiento» no significa «mantenimiento nulo». Existe un enemigo silencioso que puede mermar su rendimiento con el paso de los años: la acumulación de lodos, óxido y depósitos calcáreos en el interior de las tuberías. Este problema, si no se ataja, puede reducir la eficiencia del sistema de forma drástica.

Estos lodos se forman por la corrosión natural de los elementos metálicos del circuito (si los hay), la descomposición de aditivos y la calidad del agua, especialmente en zonas de España con aguas muy duras. Al acumularse, actúan como un aislante interno, dificultando la transferencia de calor del agua al mortero y, por tanto, al suelo. Según la normativa técnica del RITE para instalaciones térmicas, un circuito con lodos puede perder hasta un 30% de eficiencia térmica. En la práctica, esto se traduce en que el sistema tarda más en calentar, consume más energía y algunas zonas de la casa pueden quedarse frías.

La prevención es la mejor estrategia. En primer lugar, es altamente recomendable instalar un filtro de lodos magnético en el colector de retorno. Este dispositivo, con un coste relativamente bajo (100-200€), atrapa las partículas metálicas en suspensión antes de que vuelvan a la bomba de calor, protegiendo tanto el generador como el circuito. En segundo lugar, es vital tratar el agua del circuito con inhibidores de corrosión y antialgas, especialmente formulados para la dureza del agua de la zona.

Para garantizar la longevidad y el rendimiento óptimo del sistema, es fundamental seguir un protocolo de mantenimiento preventivo. Ignorarlo por ahorrar unos euros a corto plazo puede resultar en una costosa pérdida de eficiencia o, en el peor de los casos, en la necesidad de una limpieza química profesional mucho más cara.

Plan de acción para el mantenimiento del circuito de suelo radiante

  1. Revisión anual: Comprobar la presión del circuito en el manómetro (debe ser estable, normalmente entre 1,5 y 2 bar) y purgar el aire de los colectores para asegurar un flujo correcto.
  2. Análisis del agua (cada 2-3 años): Tomar una muestra del agua del circuito y analizar su pH y conductividad. Un pH muy ácido o básico indica problemas de corrosión activos.
  3. Limpieza profesional (cada 5-7 años): Contratar a un profesional para realizar una limpieza química del circuito si se detecta una pérdida de rendimiento. El coste suele oscilar entre 300€ y 600€ dependiendo del tamaño de la instalación.
  4. Instalación de filtro: Si no se hizo en la instalación inicial, valorar la instalación de un filtro de lodos magnético en el circuito de retorno. Es la mejor medida preventiva.
  5. Tratamiento del agua: Tras cualquier vaciado o limpieza, rellenar siempre el circuito con agua tratada con un inhibidor de corrosión y biocida adecuado, siguiendo las recomendaciones del fabricante.

En resumen, el cuidado de la «salud» interna del circuito es una parte fundamental de la ingeniería invisible que garantiza que el suelo radiante siga ofreciendo el máximo confort y eficiencia durante toda su vida útil, que puede superar los 50 años si se mantiene correctamente.

Suelo radiante de bajo perfil: soluciones para no tener que subir el nivel del suelo 10 cm

El mayor obstáculo para instalar suelo radiante en una reforma, especialmente en pisos antiguos, no es siempre el coste, sino la altura. Un sistema convencional requiere una capa de mortero de 4 a 5 cm sobre los tubos, lo que, sumado al aislamiento y al nuevo pavimento, puede elevar el nivel del suelo entre 8 y 10 cm. Esta ganancia de altura obliga a rebajar puertas, modificar marcos y, en muchos casos, crea un incómodo escalón en la entrada de la vivienda. Afortunadamente, la tecnología ha resuelto este problema con los sistemas de suelo radiante de bajo perfil o de baja inercia.

Estos sistemas están diseñados específicamente para rehabilitación. En lugar de colocar los tubos sobre un panel aislante liso, utilizan paneles preformados con resaltes (o «nopas») que sujetan el tubo. Sobre ellos se vierte una fina capa de mortero autonivelante de alta resistencia, de tan solo 1 o 2 cm por encima del tubo. El resultado es un recrecido total que puede ser de apenas 2 o 3 cm, aislamiento incluido. Esto reduce drásticamente el impacto en la altura final del suelo.

Sección transversal de sistema de suelo radiante de bajo perfil mostrando las capas y altura reducida

Además de solucionar el problema de la altura, estos sistemas ofrecen una ventaja adicional: una inercia térmica mucho menor. Al tener menos masa de mortero que calentar, el tiempo de respuesta se reduce significativamente. Pueden alcanzar la temperatura de confort mucho más rápido que un sistema tradicional, lo que los hace más fáciles de regular y adaptar a cambios bruscos de temperatura, aunque pierden parte de la capacidad de acumulación para aprovechar las tarifas nocturnas.

Caso de estudio: Reforma en el casco histórico de Valencia

En un apartamento del casco histórico de Valencia, con una altura de techos limitada a 2,4 metros, la instalación de un suelo radiante convencional era inviable. Se optó por el sistema de bajo perfil Uponor Minitec, con un espesor total de solo 15 mm, que se instaló directamente sobre el pavimento existente. Esta solución permitió mantener la altura original de las puertas y eliminar cualquier escalón. Además, el sistema demostró calentarse un 60% más rápido que las instalaciones tradicionales, ofreciendo una respuesta ágil y un confort inmediato con un notable ahorro energético anual.

La disponibilidad de estas soluciones de bajo perfil cambia por completo el paradigma de las reformas. El argumento de «no puedo instalarlo porque pierdo mucha altura» ha dejado de ser una barrera técnica, convirtiendo el suelo radiante en una opción viable para casi cualquier proyecto de rehabilitación.

Suelos de barro cocido: cómo tratarlos para que no absorban manchas de grasa

El barro cocido o la terracota manual es una elección de pavimento con un enorme carácter, muy arraigada en la estética de las masías, casas rurales y reformas de estilo rústico-moderno en España. Su calidez, textura y aspecto artesanal lo convierten en un material muy deseado. Además, es un excelente conductor térmico, lo que lo hace perfectamente compatible con el suelo radiante. De hecho, las especificaciones técnicas indican que el barro cocido tiene una conductividad térmica de 1,0 W/mK, superior a muchas maderas y similar a la de algunas piedras.

Sin embargo, su principal virtud es también su mayor debilidad: su alta porosidad. Un suelo de barro cocido sin tratar es como una esponja. Absorberá cualquier líquido que caiga sobre él, desde una gota de agua hasta aceite o vino, dejando manchas permanentes que son casi imposibles de eliminar. Por ello, un tratamiento de impermeabilización y protección es absolutamente imprescindible, especialmente en zonas como cocinas o comedores.

El tratamiento correcto es un proceso de varias fases que debe realizarse con el suelo completamente limpio y seco, después de la instalación y el rejuntado. El objetivo es sellar el poro para protegerlo de líquidos (hidrofugado) y grasas (oleofugado), para después aplicar una capa de acabado que le dará el aspecto final y la protección mecánica.

El proceso de tratamiento es metódico y requiere paciencia, pero es la única garantía para disfrutar de un suelo de barro bello y funcional durante décadas. A continuación se detalla el procedimiento estándar:

  1. Limpieza profunda: Tras la instalación, se debe realizar una limpieza con un desincrustante de base ácida para eliminar restos de cemento y salitres. Es crucial aclarar abundantemente y dejar secar por completo (mínimo 48-72 horas).
  2. Tratamiento hidrófugo: Con el suelo seco, se aplica una primera capa de un producto hidrofugante base agua. Este tratamiento penetra en el poro y lo sella contra la humedad, pero permite que el material respire.
  3. Tratamiento oleófugo: Pasadas 24 horas, se aplica un producto protector antimanchas (oleófugo). Esta es la capa clave para evitar la absorción de grasas y aceites.
  4. Capa de acabado: Finalmente, se aplica una cera o un producto de acabado. Aquí se puede elegir entre un efecto satinado o «mojado», que realza los colores, o un acabado mate y más natural. Esta capa proporciona la protección final contra el desgaste.

Un mantenimiento regular con jabones de pH neutro específicos para barro cocido preservará el tratamiento durante años, asegurando que el suelo no solo sea un excelente emisor de calor, sino también una superficie resistente y fácil de limpiar.

¿Se puede usar suelo refrescante con radiadores antiguos? El mito y la realidad técnica

Una duda frecuente en reformas integrales es si es posible combinar un nuevo sistema de suelo radiante/refrescante en la zona de día con los radiadores de hierro fundido existentes en los dormitorios. La idea es atractiva: aprovechar el confort del suelo en el salón y la cocina, mientras se ahorra el coste y la obra de sustituir los radiadores en las habitaciones. La respuesta corta es sí, es técnicamente posible, pero no de cualquier manera. Es un mito pensar que se pueden conectar ambos sistemas al mismo circuito sin más.

El problema fundamental reside en la diferencia de temperaturas de trabajo. Como se menciona en manuales de instalaciones, » un circuito único no puede alimentar radiadores que necesitan agua a más de 60°C y suelo refrescante que usa agua a menos de 18°C simultáneamente«. En invierno, los radiadores necesitan agua a alta temperatura (60-70°C) para ser eficientes, mientras que el suelo radiante trabaja a baja temperatura (35-40°C). En verano, el suelo refrescante necesita agua fría (16-18°C), una temperatura que no tiene ninguna utilidad en un radiador.

La solución técnica para hacer convivir estos dos mundos es crear dos circuitos hidráulicos independientes gestionados por una centralita y separados por un elemento clave: el separador hidráulico o la aguja hidráulica. Este dispositivo permite que la bomba de calor genere agua a una temperatura (por ejemplo, 65°C para los radiadores) y, a través de una válvula mezcladora, se derive una parte de ese caudal y se mezcle con agua del retorno para obtener la temperatura más baja que necesita el suelo radiante (35°C). Cada circuito tendrá su propia bomba de circulación para funcionar de forma autónoma.

Caso de estudio: Sistema híbrido en el Eixample de Barcelona

En la reforma de un piso del Eixample de Barcelona, se decidió mantener el sistema de radiadores de hierro en los dormitorios e instalar suelo radiante/refrescante en la zona de día (60 m²). La solución implementada incluyó un separador hidráulico y dos bombas de circulación independientes, controladas por un sistema de gestión centralizado. Esto permite enviar agua a 60°C a los radiadores en invierno y, simultáneamente, a 35°C al suelo radiante. La inversión adicional para esta solución híbrida fue de 2.800€, pero permitió un ahorro de casi el 40% en el presupuesto total de climatización al no tener que sustituir todos los emisores.

Por tanto, combinar lo antiguo y lo nuevo es una estrategia viable y económicamente inteligente, pero requiere una ingeniería de detalle. No es una simple conexión de tuberías, sino el diseño de un sistema hidráulico dual que optimice el rendimiento de cada emisor.

Puntos clave a recordar

  • La inercia térmica no es un defecto, sino un aliado para ahorrar con las tarifas eléctricas valle si se programa con antelación.
  • La diferencia de coste operativo entre un suelo radiante por agua (con aerotermia) y uno eléctrico puede superar los 1.000€ al año para una vivienda media.
  • El mantenimiento preventivo del circuito, con filtros y aditivos, es crucial para evitar pérdidas de eficiencia de hasta el 30% por acumulación de lodos.

Suelo refrescante en verano: ¿enfría de verdad o solo moja el suelo por condensación?

La capacidad de usar el mismo sistema para calefacción en invierno y refrigeración en verano (el llamado «suelo refrescante») es una de las grandes ventajas del suelo radiante por agua. Sin embargo, genera una duda legítima, sobre todo en las zonas más húmedas de España: ¿el sistema enfría de verdad o simplemente acaba mojando el suelo por condensación, creando un problema de humedad y resbalones?

La respuesta es que un sistema de suelo refrescante bien diseñado y controlado enfría de manera muy eficaz y nunca debe producir condensación. El confort que proporciona es diferente al del aire acondicionado: no hay corrientes de aire ni ruido, solo una sensación de frescor natural y homogéneo. El cuerpo humano cede calor por radiación hacia la superficie fría del suelo, logrando una bajada de la temperatura operativa de la estancia de unos 3-4°C, suficiente para un gran confort en la mayoría de climas.

El riesgo de condensación es real, pero completamente controlable. La condensación aparece cuando la temperatura de la superficie del suelo baja por debajo del punto de rocío, que es la temperatura a la cual el vapor de agua contenido en el aire se convierte en líquido. Este punto depende de dos factores: la temperatura ambiente y la humedad relativa. A mayor humedad, más alto es el punto de rocío.

La «ingeniería invisible» que evita este problema se basa en un sistema de control inteligente. Se instalan sondas de humedad y temperatura en las estancias principales. Estas sondas miden continuamente las condiciones ambientales y calculan en tiempo real el punto de rocío. El sistema de control ajusta automáticamente la temperatura del agua que circula por el suelo para que la superficie del pavimento se mantenga siempre 1 o 2 grados por encima de ese punto de rocío, garantizando que nunca se produzca condensación.

Control de condensación en una vivienda costera en Asturias

En una vivienda unifamiliar en Gijón, una zona con una humedad relativa media del 75%, se instaló un sistema de suelo refrescante con sondas de humedad en cada estancia. Durante el verano, el sistema ajustó automáticamente la temperatura del agua de impulsión para mantenerla siempre por encima del punto de rocío local. La vivienda mantuvo una temperatura interior estable de 24°C sin ningún episodio de condensación. El análisis de Roth, fabricante del sistema, mostró un consumo energético un 60% inferior al del anterior sistema de aire acondicionado por splits.

Para garantizar un funcionamiento seguro en verano, es imprescindible comprender el mecanismo de control del punto de rocío.

En zonas extremadamente húmedas como la cornisa cantábrica o el litoral mediterráneo, a veces se recomienda complementar el suelo refrescante con un sistema de deshumidificación para mantener la humedad relativa por debajo del 60%, lo que permite bajar más la temperatura del agua y aumentar la capacidad de enfriamiento sin riesgo.

Preguntas frecuentes sobre Suelo radiante por agua: ¿merece la pena levantar todo el suelo en una reforma?

¿Es necesaria la deshumidificación adicional en zonas costeras?

En zonas costeras de España con alta humedad ambiental, como Galicia, el País Vasco o el litoral mediterráneo, es muy recomendable combinar el suelo refrescante con un sistema de deshumidificación. Esto permite mantener la humedad relativa por debajo del 60%, lo que a su vez posibilita impulsar el agua a una temperatura más baja para aumentar la potencia de refrigeración sin riesgo de alcanzar el punto de rocío.

¿Qué temperatura de agua fría es segura para el suelo refrescante?

La temperatura del agua de impulsión nunca debe ser fija. Generalmente, se mueve en un rango de 16-18°C, pero el valor exacto debe ser regulado dinámicamente por el sistema de control. Las sondas de humedad son las que dictan la temperatura mínima segura en cada momento para evitar la condensación, ajustándola según las condiciones ambientales de la estancia.

¿Funciona igual de bien el suelo refrescante en todas las zonas climáticas de España?

No, su rendimiento y complejidad de control varían. En zonas secas del interior (como Castilla, Aragón o Madrid), el riesgo de condensación es mínimo y el sistema funciona con gran eficacia y simplicidad. En zonas costeras húmedas, su eficacia para enfriar es igualmente alta, pero requiere un control mucho más preciso del punto de rocío y, a menudo, el apoyo de un deshumidificador para garantizar la seguridad y el máximo confort.

Escrito por Marc Ferrán, Arquitecto Técnico y Aparejador colegiado, experto en patología de la construcción y eficiencia energética con máster en Edificación Sostenible. Especialista en certificaciones energéticas, dirección de obra nueva y detección de fallos de aislamiento.